« En todos estos años hemos logrado muchas victorias. Que a un torturador no se lo llame ex policía, que a un gobierno de facto se le diga dictadura y que hoy en el “Club Atlético” se pueda excavar, es parte de estas victorias. Todo es producto de la lucha y la resistencia ».

Carlos Pisoni, integrante de H.I.J.O.S.

El presente trabajo es el resultado de muchos años de lucha. De los organismos de Derechos Humanos, de los familiares, de las víctimas de la represión en la Argentina y de tantas organizaciones que han sostenido en nuestro país, siempre, el reclamo de justicia.

Frente a la ignominia del horror, frente a los reiterados intentos de consagrar la impunidad, frente a la tortura, a los campos de concentración, a la barbarie, se alzó el reclamo -permanente, digno, cabal- de quienes entendimos desde un primer momento que aquella impunidad que secuestró treinta mil era la antesala y condición de otra impunidad: la que habría de instalar un modelo neoliberal injusto -en el marco de un sistema que no lo es menos- dando lugar, mediante una feroz concentración de la riqueza, a otra exclusión, generada por la falta de trabajo, el hambre y la miseria.

Por eso lucharon nuestros treinta mil, y por eso los desaparecieron. Hoy, este trabajo, que refleja su lucha y la posterior, es otro elemento más que suma su aporte a la búsqueda de justicia. Para que sean juzgados y condenados sus desaparecedores.

La dictadura militar, que asoló nuestro país a partir del 24 de marzo de 1976 instaurando la noche más larga y cruenta que habría de vivir nuestra sociedad, continuó -esta vez desde el terrorismo de Estado- la represión del gobierno que la precedió, mediante una metodología que sembró el país de campos de concentración y lo hizo tristemente célebre a través de la figura de la desaparición. Así, en el marco de una represión sistemática destinada a exterminar todo tipo de resistencia, en coordinación con otros países del Cono Sur -Plan Cóndor mediante-, y sirviendo a los intereses políticos y económicos de Estados Unidos, la Argentina se convirtió en un país donde los derechos humanos -todos- fueron avasallados una y otra vez, empezando por el único derecho que posibilita el ejercicio de los demás: el derecho a la vida.

Persiguieron, secuestraron, torturaron y encarcelaron a gran parte de una generación que luchaba por una sociedad más justa. Y esa represión arrancó del seno de la sociedad a hombres, mujeres y niños, cuya pérdida es irreparable. Porque no están y porque sus ausencias dejaron, tanto a nivel individual como colectivo, efectos irreparables.

Pero hubo un aspecto, acaso la única reparación posible en esta historia, que era poner en práctica la herramienta que esta sociedad creó para ejercer derechos: la Justicia.

Sin embargo, ese derecho fue reiteradamente avasallado por todos y cada uno de los intentos de sucesivos gobiernos de consagrar la impunidad mediante leyes -Punto Final, Obediencia Debida e Indulto- que pretendieron acabar con la memoria de un pueblo como si ésta fuera patrimonio de unos pocos.

No pudieron. Las leyes consagraron la impunidad pero, a la inversa, su anulación no termina con ella. Todo lo que se ha ido logrando -en el marco de los derechos humanos- es resultado de la lucha, una vez más, consecuente y reiterada de quienes estamos convencidos de la justeza de nuestra causa.

"Adonde vayan los iremos a buscar" dice el canto de los hijos, que es mucho más que una consigna. Y en eso estamos, por eso los juicios en el exterior, por eso las denuncias, la organización, las marchas, la lucha.

Por eso las excavaciones en el "Club Atlético". Porque allí funcionó uno de los Centros Clandestinos de Detención de la dictadura y destaparlo es símbolo de nuestro reclamo de verdad y justicia.

Por los que allí estuvieron, por los familiares, porque era una deuda pendiente. Por nuestros hijos, por los hijos de nuestros desaparecidos, los que están y los que aún estamos buscando. Por los treinta mil, por nosotros.

Por el futuro.

 

 
 
 
 
Si usted desea realizar consultas o acercar información, puede dirigirse a los organismos de Derechos Humanos integrantes del Proyecto o al Instituto Espacio para la Memoria, Av. Pte. Roque Sáenz Peña 547, 4º piso.
 
Tel: 4342 0528 / 4958 / 6103.
 
 
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